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martes, 24 de agosto de 2010

La Ciudad de Buenos Aires y sus habitantes 1860-1870

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Mañana se presentará en Buenos Aires el libro La Ciudad de Buenos Aires y sus habitantes 1860-1870: Parroquias de San Nicolás y San Miguel, escrito por Jorge F. Lima González Bonorino. La presentación tendrá lugar a las 19:00 horas, en la sede de la Asociación Entrerriana “General Urquiza” (calle Güemes 3941, Capital Federal).

Se trata de una obra descriptiva sobre la ciudad de Buenos Aires en el período comprendido entre los años 1865 y 1870, que contiene información para ulteriores estudios demográficos, sociales y de otros aspectos de la vida en dicha época.

Se toma como base el catastro de Beare, donde figuran las imágenes de las manzanas indicando las propiedades con sus respectivos propietarios y cantidad de habitaciones, delimitando patios y jardines, y la numeración de puerta calle..

Cabe aclarar que dicho catastro, por error de su autor, omite catorce manzanas en las parroquias de San Miguel y San Nicolás, la que hemos reconstruido en base a otros datos existentes.

A partir de ello, insertamos la información del censo nacional del año 1869, donde, basándose en la numeración de las calles, figuran los habitantes (ya sea inquilinos o propietarios), su nacionalidad, edad, profesión o actividad, y todo el núcleo familiar, incluyendo los agregados en la vivienda (Personal de servicio, visitantes, etc.)

En los casos de hoteles, colegios, conventos, etc, se encuentran todos los pasajeros o residentes en el lugar.

De esta manera podemos establecer los propietarios y quienes habitaban en cada vivienda, incorporando entre otros datos, la densidad por habitación y origen de la población de la ciudad.

A todo esto se agregan información sobre los comercios y actividades profesionales, los cuales se desarrollaban en las habitaciones de planta baja con vista a la calle.

Para terminar, tiene un índice onomástico de todas las personas contenidas en la obra, con referencia a las propiedades tratadas.

Este trabajo es la continuación de uno anterior donde se trataron las parroquias de Catedral al Sud y Catedral al Norte, presentado en el Colegio de Arquitectos y en la Feria del Libro, con gran afluencia de público e importante repercusión en el ámbito histórico y arquitectónico, habiendo recibido numerosa correspondencia al respecto de su continuación,

En un CD anexo se incluyen numerosas fotografías de la época, algunas inéditas.

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lunes, 23 de agosto de 2010

El plural de los apellidos

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Este es un tema con el que ando bastante despistado, porque veo que no hay una opinión general.

La RAE dice que "los apellidos se mantienen invariables cuando designan a los miembros de una misma familia" y pone dos ejemplos: Mañana cenamos en casa de los García; Los Alcover se han ido a vivir a Quito.

Pero añade que "cuando se emplean para designar un conjunto diverso de individuos que tienen el mismo apellido, el uso vacila entre mantenerlos invariables o añadirles las marcas propias del plural de acuerdo con su forma. La tendencia mayoritaria es mantenerlos invariables, sobre todo en el caso de apellidos que pueden ser también nombres de pila, para distinguir ambos usos: Los Alonsos de mi clase son muy simpáticos (nombre de pila) y Los Alonso de mi clase son muy simpáticos (apellido); o cuando se trata de apellidos que tienen variantes con -s y sin -s, como Torre(s), Puente(s) o Fuente(s): En mi pueblo hay muchos Puente (gente apellidada Puente) y En mi pueblo hay muchos Puentes (gente apellidada Puentes). Salvo en estos casos, los que terminan en vocal admiten con más naturalidad las marcas de plural que los que acaban en consonante: En la guía telefónica hay muchísimos Garcías (pero también hay muchísimos García), frente a ¿Cuántos Pimentel conoces? (más normal que ¿Cuántos Pimenteles conoces?). Los apellidos que acaban en -z se mantienen siempre invariables: los Hernández, los Díez."

Frente a esta opinión encuentro otras como la de Tito Balza, que dice que "Se ha venido haciendo hábito la no pluralización de los apellidos y así oímos: Llegaron los Castro; se fueron los Fonseca. Ninguna razón gramatical hay para no pluralizarlos. Ellos son nombres apelativos, pues se aplican a todos los miembros de una misma familia y deben, como cualquier otro sustantivo, someterse a las normas generales de la lengua y pluralizar en la medida en que lo permita su estructura. Vaya adelante la opinión que al respecto emitió Rufino José Cuervo: "Jamás se dará una explicación lógica y racional de la construcción "Los Guevara, por ejemplo... No falta quien, para aclarar este punto, embuta entre los y Guevara una larga cáfila de palabras diciendo: Los señores o sujetos que tienen por apellido Guevara; explicación tan ingeniosa que canoniza disparates como "los árbol": los objetos que tienen por nombre árbol".

Y añade el señor Balza: "Afirmados en la certeza de que los apellidos pluralizan, como cualquier otro sustantivo de la lengua, deben tenerse en cuenta estas observaciones:

1. Los apellidos terminados en -s no adoptan forman especiales para el plural: Llegaron los Santos; salieron los Pinós;
2. Los terminados en -z pluralizan si son agudos: Nos visitaron los Ruices; y no adoptan formas especiales los no agudos: Nos acompañarán los Martínez; Los Sánchez tienen una casa en Trujillo;
3. Al designarse por sus nombres propios dos o más individuos del mismo apellido, éste ira en singular: Encontré en la barbería a Jairo y a José Berrueta (no Berruetas);
4. Hay apellidos que, por su forma, al pluralizar producen inevitables equívocos. Para no caer en confusiones, debe el hablante o escritor valerse de cualquier ingenioso y válido recurso. Si se pluraliza Rey, da Reyes, que es otro apellido. Hay Castellano y Castellanos; Barrera y Barreras; Cabeza y Cabezas."

Estoy de acuerdo en que gramaticalmente corresponde la marca plural si tratamos a los apellidos como un sustantivo más, pero digo yo, no sería más sencillo dejarnos de tantas historias y prescindir de la marca plural en todos los apellidos.

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